1968: El día que una guía telefónica cubrió de papel el Orange Bowl

Publicado: 14 septiembre 2026 12:24

El 14 de septiembre de 1968, los Miami Dolphins se disponían a comenzar su tercera temporada en el fútbol profesional, y lo hacían en una noche que prometía ser importante porque, después de descansar en la primera jornada del calendario, recibían a los Houston Oilers en el Orange Bowl. Sin embargo, antes de que Bob Griese lanzara un solo pase o de que Larry Csonka pudiera cargar con el balón, había algo mucho más llamativo sobre el terreno de juego: el césped del Orange Bowl estaba cubierto de papel. No se trataba de unas cuantas hojas arrastradas por el viento, sino de largas tiras y pedazos repartidos por buena parte del campo, hasta el punto de que las condiciones del terreno llamaron la atención y provocaron quejas antes del encuentro. La explicación era todavía más extraña, porque detrás de aquel desastre había unos adolescentes, una seguridad sorprendentemente escasa y una guía telefónica.

Un Orange Bowl muy diferente al que imaginamos hoy

Para entender la historia hay que trasladarse a 1968, cuando los Dolphins apenas tenían dos temporadas de existencia, ya que la franquicia había debutado en la AFL en 1966 y todavía faltaban dos años para la llegada de Don Shula. El entrenador era George Wilson y Miami seguía intentando construir un equipo competitivo alrededor de jóvenes como Bob Griese, aunque aquella temporada también incorporaba algunos nombres que acabarían siendo fundamentales en la historia de la franquicia, como Larry Csonka, Jim Kiick y Dick Anderson, que estaban comenzando sus carreras profesionales. El Orange Bowl era la casa de los Dolphins y aquella noche recibió a 40.067 espectadores para ver el estreno de Miami en la temporada de 1968, con un partido que comenzó con unos 79 grados Fahrenheit —aproximadamente 26 °C— y una humedad del 77 %. Todo estaba preparado para el fútbol, excepto el campo.

Así era la seguridad en los estadios de los años sesenta

Para entender cómo unos adolescentes pudieron acceder al terreno de juego y dejar el campo cubierto de papel, conviene recordar que la seguridad en los estadios deportivos de finales de los sesenta era radicalmente distinta a la actual. En aquella época, los recintos de la NFL y la AFL no contaban con los controles de acceso, los escáneres, las cámaras de vigilancia ni los protocolos que hoy resultan habituales, y la única barrera física que separaba al público del terreno de juego solía ser una simple valla de alambre tejido, en muchos casos coronada por alambre de púas, como ocurría en el Lambeau Field original, donde esa cerca fue sustituida por una valla de aluminio de dieciséis pies de altura nada menos que en 1970.

La seguridad del estadio dependía fundamentalmente de vigilantes conocidos como *fence patrol*, cuyo trabajo consistía en observar si alguien intentaba trepar la valla para colarse, y de los acomodadores y la policía interna que se desplegaban por el recinto. No existían tornos electrónicos, ni controles de bolsos, ni coordinación entre agencias federales y locales como la que hoy rodea cualquier evento de la NFL. En un estadio como el Orange Bowl, con más de cuarenta mil personas y una plantilla de seguridad limitada, era relativamente sencillo que un grupo de jóvenes con determinación encontrara un punto débil y accediera a zonas que en teoría debían estar restringidas.

Adolescentes, poca seguridad y una guía telefónica

Un grupo de adolescentes consiguió aprovechar la escasa seguridad existente alrededor del estadio. Aprovechando la falta de controles y la confusión previa al partido, aquellos jóvenes no sólo lograron entrar en zonas cercanas al campo, sino que además pudieron llevar consigo el objeto que desencadenaría todo: una guía telefónica.

Para quien no haya vivido la época anterior a Internet, conviene recordar lo que significaba aquello, porque las guías de una gran ciudad podían tener cientos e incluso miles de páginas extremadamente finas, y una sola de ellas podía convertirse en una cantidad ingente de papel si se desmenuzaba adecuadamente. En manos de aquellos jóvenes, la guía terminó convertida en una enorme cantidad de tiras y pequeños fragmentos, y el destino de todo aquello fue el terreno de juego del Orange Bowl. No se trató de un acto planificado con fines de protesta ni de una promoción del club, sino de una travesura que, una vez iniciada, resultó imposible de detener.

Cuando llegó el momento del partido, el césped aparecía cubierto por aquel improvisado confeti, y el vídeo de la época permite apreciar un escenario difícil de imaginar actualmente: jugadores de fútbol profesional disputando un encuentro oficial mientras innumerables restos de papel permanecían repartidos sobre el campo. Vista desde el football actual, donde el acceso a un terreno de juego de la NFL está sometido a enormes medidas de seguridad y a protocolos que comienzan semanas antes del evento, la historia parece casi imposible, pero en 1968 ocurrió, y el partido tuvo que jugarse en aquellas condiciones.

Y después hubo que jugar un partido

El papel podía ser la imagen más llamativa de la noche, pero Houston tardó poco en darle a Miami otros problemas, ya que los Oilers abrieron el marcador con un field goal de 34 yardas de John Wittenborn y Miami respondió gracias a Jimmy Keyes, que anotó desde 22 yardas para colocar el 3-3. Entonces el partido cambió por completo: Pete Beathard encontró a Mac Haik para un touchdown de 48 yardas, poco después apareció uno de los mejores defensive backs de aquella generación, Ken Houston, que interceptó un pase y recorrió 66 yardas hasta la end zone, y antes del descanso Woody Campbell añadió otro touchdown con una carrera de una yarda, de modo que Houston había convertido un 3-3 en un 24-3. Miami sólo consiguió reducir la diferencia en la segunda mitad, cuando Bob Griese conectó con Karl Noonan para un touchdown de dos yardas, y el resultado final fue Houston Oilers 24 - Miami Dolphins 10.

Una derrota dentro de una temporada de crecimiento

Aquel resultado no condenó a los Dolphins a una mala temporada, porque Miami terminó 1968 con un balance de 5 victorias, 8 derrotas y 1 empate, el mejor registro de sus tres primeras temporadas de existencia hasta ese momento. La franquicia todavía estaba lejos del equipo que pocos años después dominaría la NFL, pero algunas de las piezas de aquella futura dinastía ya comenzaban a ocupar su lugar: Griese estaba allí, Csonka estaba allí, Kiick estaba allí y Dick Anderson estaba allí. Sin embargo, el 14 de septiembre de 1968 nadie podía imaginar todavía las Super Bowls, la temporada perfecta o el equipo legendario que estaba empezando a formarse, porque aquella noche había asuntos bastante más inmediatos, como intentar jugar al fútbol en un Orange Bowl cubierto con los restos de una guía telefónica.

La estadística que no aparece en el box score

Los registros del encuentro conservan prácticamente todo: quién anotó, cuántas yardas consiguió cada equipo, las intercepciones, los touchdowns, la temperatura, la asistencia y el resultado. Pero ninguna línea del box score puede transmitir lo verdaderamente extraordinario de aquella noche, ya que antes de uno de los primeros partidos de la historia de los Dolphins, unos adolescentes consiguieron convertir el césped del Orange Bowl en una inmensa papelera aprovechando una seguridad que, sencillamente, no estaba diseñada para impedirlo. Es una de esas pequeñas historias que ayudan a comprender lo diferente que era el football profesional de los años sesenta, y probablemente sea también una de las pocas ocasiones en la historia de la NFL en las que una simple guía telefónica consiguió convertirse en parte del escenario de un partido.

Ficha del partido

La ficha del encuentro deja los datos esenciales: Houston Oilers 24 - Miami Dolphins 10, correspondiente a la temporada regular de la AFL, disputado el sábado 14 de septiembre de 1968 en el Orange Bowl de Miami, con George Wilson como entrenador de los Dolphins, Bob Griese como quarterback titular y una asistencia registrada de 40.067 espectadores; Miami finalizaría aquella temporada con un balance de 5-8-1.

La anécdota está reconstruida en el vídeo de JaguarGator9, *The CRAZIEST CONTROVERSY in Orange Bowl HISTORY | Oilers @ Dolphins (1968)*: Ver el vídeo en YouTube.