Jeff Hafley y el surgimiento de los "Packers del Sur"

Publicado: 20 enero 2026 11:52

El 19 de enero de 2026, los Miami Dolphins marcaron el inicio de una nueva era al anunciar formalmente a Jeff Hafley como el duodécimo head coach en la historia de la franquicia. Hafley, de 46 años, aterriza en South Florida con un contrato de cinco años y una misión tan clara como compleja: romper una sequía de 25 años sin victorias en postemporada, la más larga vigente en toda la NFL.

La búsqueda para reemplazar a Mike McDaniel fue extensa y meticulosa. Más de diez candidatos pasaron por el proceso, incluyendo nombres consolidados como Joe Brady, Jesse Minter, Chris Shula o Anthony Campanile. Sin embargo, desde las primeras entrevistas comenzó a quedar claro que Hafley jugaba en otra liga. Su entrevista virtual inicial fue descrita internamente como “impactante”, hasta el punto de convertirse en el primer candidato en asegurar una segunda entrevista presencial.

El proceso fue tan veloz como contundente. Ese mismo lunes, tras su reunión en el Baptist Health Training Complex, los Dolphins tomaron la decisión definitiva. Hafley tenía entrevistas programadas con Tennessee Titans, Las Vegas Raiders y Arizona Cardinals, y de hecho debía viajar a Nashville al día siguiente. Miami no quiso correr riesgos. Cerró el acuerdo de inmediato, tres minutos después de oficialmente anunciar la franquicia que había concluido la entrevista se filtró la negociación, y se aseguró a uno de los entrenadores más codiciados del ciclo.

Un elemento fundamental en su llegada es su relación con el nuevo General Manager, Jon-Eric Sullivan. Ambos compartieron las dos últimas temporadas en los Green Bay Packers, donde Sullivan ejercía como vicepresidente de personal de jugadores. No se trata de una coincidencia, sino de una apuesta estratégica.

La intención de la franquicia es clara: replicar el modelo organizativo de Green Bay, una estructura donde front office y cuerpo técnico hablan el mismo idioma, donde el draft es el pilar del roster y donde la continuidad pesa más que los parches de corto plazo.

Sullivan ha definido públicamente a Hafley como un entrenador de “integridad, intelecto y pasión”, y esa descripción encaja perfectamente con la cultura que ambos pretenden instaurar en Miami. No es casualidad que el propio Stephen Ross destacara su liderazgo, su capacidad para conectar con los jugadores y su enfoque competitivo desde el primer contacto.

En un equipo históricamente marcado por decisiones inconexas, la llegada conjunta de Hafley y Sullivan representa algo poco habitual en los Dolphins: una visión compartida desde arriba hacia abajo.

La carrera de Jeff Hafley es la antítesis del ascenso meteórico. No nació en despachos de lujo ni en grandes programas universitarios. Se construyó desde abajo, literalmente.

Tras finalizar su etapa como jugador universitario, inició su camino en 2001 en el Worcester Polytechnic Institute (WPI), entrenando running backs, su única experiencia en el lado ofensivo del balón. Más tarde pasó por Albany, donde comenzó a forjar su reputación como desarrollador de talento defensivo, ayudando a que Kurt Campbell se convirtiera en el primer jugador de esa universidad en ser drafteado.

El punto de inflexión llegó en 2006 en la Universidad de Pittsburgh bajo las órdenes de Dave Wannstedt. Allí, con un salario mínimo, Hafley dormía en un colchón inflable dentro de su oficina para ahorrar alquiler. Realizaba reuniones con los jugadores a las 6:30 de la mañana, antes incluso de las juntas oficiales del staff. Wannstedt recordaría años después que ese nivel de obsesión le dejó claro que estaba ante un entrenador diferente.

En Pittsburgh fue mentor directo de un joven Darrelle Revis, ayudándolo a pulir su técnica hasta convertirlo en finalista del Jim Thorpe Award. Aquella experiencia cimentó una de las señas de identidad de Hafley: la enseñanza individual y el detalle técnico como base del éxito colectivo.

En Rutgers, Hafley confirmó su prestigio desarrollando jugadores como Duron Harmon y Logan Ryan, ambos futuros campeones de Super Bowl. Aquella secundaria terminó entre las mejores del país y reforzó su estatus como uno de los mejores entrenadores defensivos del panorama universitario.

Ese reconocimiento le abrió las puertas de la NFL en 2012. En Tampa Bay, sus unidades acumularon casi 40 intercepciones en dos temporadas. En Cleveland, llevó la secundaria a liderar la NFL en passer rating permitido y colocó a tres defensive backs en el Pro Bowl en una misma campaña, algo inédito en la historia de los Browns.

Posteriormente, en San Francisco, trabajó bajo Kyle Shanahan y junto a Robert Saleh. Allí se ganó el respeto de veteranos como Richard Sherman, quien elogió públicamente su capacidad para simplificar planes de juego complejos y preparar a los jugadores para cualquier escenario. Sherman llegó a afirmar que Hafley era uno de los entrenadores defensivos mejor preparados con los que había trabajado.

En 2019, su paso por Ohio State fue simplemente histórico. Como co-coordinador defensivo, transformó una defensa mediocre en la mejor unidad del país: número uno nacional en yardas permitidas, defensa total y eficiencia por jugada. En solo un año, dejó una huella imborrable.

En 2020 dio el salto como head coach en Boston College, en plena pandemia y en el inicio de la era NIL. Lejos de desmoronarse, Hafley logró estabilidad en un programa históricamente secundario dentro de la ACC.

Consiguió elegibilidad para bowls en tres de sus cuatro temporadas y desarrolló talento de élite, produciendo selecciones de primera ronda como Zion Johnson y Zay Flowers. Más allá del récord, su mayor mérito fue sostener una cultura competitiva en uno de los contextos más complejos del fútbol universitario moderno.

Jugadores y asistentes coinciden en describirlo como un líder cercano pero exigente, obsesivo con la preparación y extremadamente honesto en la comunicación. Un entrenador que no promete lo que no puede cumplir, pero que exige compromiso absoluto.

Su regreso a la NFL en 2024 con los Packers confirmó todo lo anterior.

Hafley heredó una defensa inconsistente y la transformó de inmediato. Green Bay pasó a ser Top-5 de la liga en yardas permitidas, Top-10 en puntos encajados y una de las defensas más productivas en takeaways, forzando 31 robos de balón, la mayor cifra en una sola temporada en la historia de la franquicia.

La clave fue el cambio de identidad. Hafley implementó un esquema 4-3 agresivo, con énfasis total en presión al quarterback, fronts abiertos tipo Wide-9, y una filosofía clara: no esperar el error rival, provocarlo.

La defensa de Green Bay dejó de reaccionar y empezó a dictar el ritmo. Blitzes situacionales, rotaciones constantes en la secundaria y un uso inteligente de coberturas como Cover-1 y Cover-2 permitieron generar sacks y turnovers de forma sostenida.

Incluso en 2025, con lesiones graves —incluida la rotura del ligamento cruzado de Micah Parsons— la unidad se mantuvo competitiva, finalizando en el puesto 12 de la liga. La estructura seguía funcionando.

Ese impacto inmediato es uno de los grandes motivos por los que Miami apostó por él.

Hafley no llega a Miami solo para ajustar esquemas. Llega para redefinir la identidad de la franquicia.

Durante años, los Dolphins han sido señalados como un equipo de velocidad, pero carente de dureza. Un roster talentoso, pero incapaz de imponerse físicamente cuando el partido lo exige. La defensa terminó 2025 como la número 24 en puntos permitidos, reflejo de esa desconexión.

La misión de Hafley es clara: construir una defensa que haga plays, que genere caos, que compita desde la agresividad y no desde la supervivencia. Su esquema encaja con el perfil atlético del roster y permitirá liberar a jugadores como Jordyn Brooks, otorgándoles mayor protagonismo en blitzes y persecución.

Al mismo tiempo, su experiencia universitaria y su conexión con Sullivan refuerzan la apuesta por el draft y el desarrollo interno. No se trata solo de fichar nombres, sino de formar jugadores dentro de un sistema reconocible.

Jeff Hafley llega a Miami con la mochila cargada de trabajo silencioso, noches sin dormir y vestuarios ganados a base de credibilidad. No es un entrenador mediático. No vende frases virales. Pero allá donde ha estado, sus defensas han mejorado y sus jugadores han crecido.

Por primera vez en mucho tiempo, los Dolphins parecen tener alineadas la gerencia, el staff y la visión deportiva. La idea de los “Packers del Sur” no es un eslogan vacío, sino una filosofía: estabilidad, coherencia y desarrollo.

Romper 25 años sin victorias en playoffs no será inmediato. Pero con Hafley al mando, Miami al menos vuelve a caminar en una dirección clara. Y eso, para esta franquicia, ya representa un cambio profundo.