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1968: El Año de la Gran Cosecha. Cuando los Potros se Convirtieron en Caballos

1968 Miami Dolphins

El sol de Florida ardía con la misma intensidad que en 1966, pero algo había cambiado en el aire del Orange Bowl. Ya no era el olor a equipo de expansión, a derrota aceptada con resignación. Era el aroma de la impaciencia, de la juventud que pide paso a gritos. 1968 no fue un año de transición. Fue el año en que los Miami Dolphins dejaron de ser un experimento para convertirse en una promesa. Y como toda promesa que se precie, llegó envuelta en piel de novato, con músculo de Syracuse y velocidad de Wyoming.

Bienvenidos a 1968: el año de la gran cosecha.

El Draft de la Década: Llega la Caballería

El 30 de enero de 1968, mientras Estados Unidos se debatía entre la guerra de Vietnam y los sueños de Martin Luther King, los despachos de los Dolphins tejían el futuro en una cabina de teléfonos. El draft común de la NFL-AFL, en su segunda edición, regaló a Miami una cosecha que solo se ve una vez cada generación .

Con la octava selección global, los Dolphins hicieron historia. Larry Csonka, un fullback de Syracuse con cara de pocos amigos y brazos de leñador, escuchó su nombre. Nadie lo sabía entonces, pero aquel hombre de 237 libras estaba destinado a ser el martillo pilón que quebraría las defensas rivales durante una década. El Salón de la Fama le esperaba, aunque él solo quería yardas .

Pero la mina no se agotó ahí. En la quinta ronda, con la selección 118, apareció Jim Kiick, un corredor de Wyoming con instinto de bailarín y visión de depredador. Compartirían backfield, compartirían gloria y, años después, compartirían el Olimpo de los invictos .

La defensa también recibió su ración de futuro. En la tercera ronda, la selección 73 fue para Dick Anderson, un profundo de Colorado con manos de carterista. Su impacto sería inmediato: ocho intercepciones en su año de novato, una cifra que pocos veteranos alcanzan . En la segunda ronda, Jim Cox (tight end) y Jimmy Keyes (linebacker) completaban una clase que, vista en retrospectiva, avergüenza a cualquier departamento de scouting actual .

Era, sin exageración, el mejor draft de la breve historia de la franquicia. Y sus efectos se notarían antes de lo esperado.

La Pretemporada del Crecimiento

Antes de que las hojas del calendario señalaran septiembre, los Dolphins ya habían dejado destellos de lo que vendría. El 11 de agosto, en Rochester (Nueva York), Buffalo Bills y Miami empataron 28-28, un aperitivo de lo que sería una relación extraña con los empates esa temporada .

El 17 de agosto, primera victoria: 23-7 sobre Philadelphia. El 23 de agosto, una derrota ajustada 19-17 ante Boston en Jacksonville. El 31 de agosto, 13-22 contra Baltimore. Y el 7 de septiembre, el último ensayo: 19-13 sobre Atlanta, cerrando la pretemporada con un balance aceptable de 2-2-1 .

Los novatos ya asomaban la cabeza. Csonka embestía. Kiick esquivaba. Anderson volaba desde la secundaria. El entrenador George Wilson, veterano de mil batallas, observaba con una mezcla de escepticismo y esperanza. Sabía que los potros aún eran potros, pero también intuía que estaban a punto de convertirse en caballos.

El Infierno de Septiembre

La temporada regular comenzó con un bye en la primera semana, un regalo del calendario que permitió a los novatos asimilar los sistemas . Pero el descanso no evitó la sangría.

14 de septiembre: Houston Oilers visita el Orange Bowl. 38,097 almas contemplan cómo los Dolphins caen 10-24. El debut de Csonka y Kiick en casa se salda con una derrota que sabe a poco .

21 de septiembre: Llegan los Oakland Raiders, uno de los gigantes de la AFL. El marcador duele: 21-47. La defensa, joven y por momentos ingenua, concede 542 yardas totales. Una paliza .

28 de septiembre: Kansas City Chiefs. El Orange Bowl se convierte en un velatorio. 48-3. Tres partidos, tres derrotas, 31 puntos a favor y 119 en contra. Los Dolphins son el hazmerreír de la liga. Los novatos parecen cadetes en su primera batalla .

Septiembre termina con un récord de 0-3 y la sensación de que 1968 será otro año para olvidar. Pero en el vestuario, alguien se niega a rendirse. Se llama Bob Griese, tiene 23 años y ya sabe lo que es liderar.

Octubre: El Despertar y el Primer Empate

El 6 de octubre, los Dolphins viajan al Astrodome de Houston. Enfrente, los mismos Oilers que les habían derrotado tres semanas antes. Algo es diferente. La ofensiva encuentra el ritmo. Jim Kiick corre 187 yardas entre todos los corredores; Bob Griese lanza con criterio. 24-7. Primera victoria de la temporada .

Una semana después, el 12 de octubre, el Orange Bowl acoge a Buffalo Bills. 28,559 espectadores asisten a un hecho insólito: el primer empate en la historia de la franquicia. 14-14. Los Dolphins no ganan, pero tampoco pierden. En la AFL de 1968, los empates no contaban en el porcentaje, pero dejaban una sensación agridulce .

El 20 de octubre, viaje a Cincinnati para enfrentarse a los Bengals, el otro equipo de expansión de la AFL. 24-22. Victoria ajustada, sufrida, pero victoria al fin. Los Dolphins tienen 2-3-1 y empiezan a creérselo .

El 27 de octubre, Denver. Mile High Stadium, 43,411 almas. Los Broncos vencen 21-14 en un partido donde la defensa de Miami muestra signos de fatiga. 2-4-1. La carretera sigue siendo territorio hostil .

Noviembre: La Montaña Rusa

El 3 de noviembre, San Diego. Los Chargers, liderados por la leyenda Lance Alworth, reciben a unos Dolphins valientes. 34-28. Derrota ajustada, de esas que duelen porque estuviste cerca. Griese lanza para 238 yardas, pero no basta .

El 10 de noviembre, venganza en Buffalo. War Memorial Stadium, 28,399 espectadores. Miami vence 21-17. Kiick anota; Csonka castiga. 3-5-1. El equipo aprende a ganar fuera de casa .

El 17 de noviembre, Cincinnati devuelve la visita al Orange Bowl. Los Bengals, liderados por el legendario Paul Brown, se imponen 38-21. 30,304 almas ven cómo la defensa concede 422 yardas. 3-6-1. Un paso atrás .

El 24 de noviembre, Fenway Park, Boston. 13,646 almas —la entrada más baja de la temporada— contemplan una exhibición. Dolphins 34, Patriots 10. Griese lanza para 263 yardas, la ofensiva ruge. 4-6-1. Diciembre espera con esperanza .

Diciembre: El Espejismo de los Jets

El 1 de diciembre, Shea Stadium. 60,207 almas —la mayor entrada de la temporada para un partido de Miami— abarrotan las gradas para ver a los New York Jets de Joe Namath. Los Dolphins compiten, pero caen 35-17. Namath lanza, Miami responde, pero no alcanza .

El 8 de diciembre, desquite en el Orange Bowl. Boston Patriots regresan a Miami y encuentran un equipo enfurecido. 38-7. La mayor goleada de la temporada. Karl Noonan atrapa dos pases de touchdown; la defensa fuerza cuatro pérdidas de balón. 5-7-1. Un último partido en casa, una última oportunidad de firmar un récord respetable .

El 15 de diciembre, Nueva York Jets visita el Orange Bowl para cerrar la temporada. 31,302 almas despiden el año. Los Jets, camino de su cita con la historia en el Super Bowl III, apisonan a Miami 31-7. El marcador duele, pero la mirada ya está en 1969 .

Los Héroes de la Cosecha

Cuando las luces del Orange Bowl se apagaron, las estadísticas dibujaron un retrato fascinante.

Bob Griese, en su segundo año, confirmó que era el líder del futuro: 2,473 yardas, 21 touchdowns, 16 intercepciones, y un rating de 75.7. Sus números le valieron el primero de los tres Pro Bowls consecutivos que disputaría .

Jim Kiick, el novato de Wyoming, explotó: 621 yardas terrestres, 4 touchdowns, y 44 recepciones para 422 yardas. Pro Bowl en su año de rookie. Un robo en la quinta ronda .

Larry Csonka, el martillo, aportó 540 yardas y 6 touchdowns en solo 11 partidos. Su estilo, directo y brutal, auguraba años de dominio .

Karl Noonan, el ala cerrada, emergió como el receptor favorito de Griese: 58 recepciones, 760 yardas y 11 touchdowns. Pro Bowl y segundo equipo All-Pro. Una temporada de ensueño .

Dick Anderson, el novato de Colorado, firmó 8 intercepciones, liderando la defensa y anunciando una carrera de leyenda .

En total, tres Pro Bowlers: Griese, Kiick y Noonan. Una cosecha excelente para un equipo de 5-8-1 .

El Análisis de los Números

La ofensiva de Miami fue sexta de diez equipos en puntos anotados (276) y sexta en yardas totales (4,106). El ataque aéreo, liderado por Griese, ocupaba el quinto puesto de la liga. Pero la defensa, aunque mejor que en 1967, seguía siendo un problema: séptima en puntos encajados (355) y novena en yardas totales concedidas (4,884). Demasiado espacio, demasiadas noches largas .

El dato más revelador: los Dolphins forzaron 40 pérdidas de balón (terceros de la liga) pero también cometieron 30 (octavos). Eran un equipo de extremos, capaz de lo mejor y lo peor en cuestión de minutos .

El Legado de 1968

Cuando la historia mira atrás, 1968 ocupa un lugar extraño en la memoria delfín. No fue un año de gloria. El récord de 5-8-1 solo sirvió para un tercer puesto en la división, muy lejos de los 11-3 de los Jets, que meses después ganarían el Super Bowl III .

Pero 1968 fue el año en que la franquicia encontró su columna vertebral. Csonka, Kiick, Anderson. Tres novatos que se convertirían en piedras angulares de la dinastía de los 70. Tres hombres que, junto a Griese, formarían el núcleo del único equipo invicto en la historia de la NFL.

Fue también el año del primer empate, una rareza estadística que hoy nos recuerda que el fútbol americano, a veces, se niega a elegir un ganador .

Y fue, sobre todo, el año en que los Dolphins demostraron que la paciencia tenía recompensa. Tres años después de su fundación, el equipo ya no era un lastre. Era un contendiente en ciernes, un adolescente que había dejado atrás la infancia y miraba con hambre la edad adulta.

De aquella clase de 1968, solo dos nombres —Csonka y Kiick— seguirían en el roster cuando, cuatro años después, la perfección llamara a la puerta. Pero su influencia, su estilo, su manera de entender el juego, impregnaron cada rincón del vestuario.

En 1968, los Dolphins no ganaron nada. Pero sembraron todo.

Y la semilla, como pronto descubriría la AFL, germinaría con la furia de un ciclón tropical.


Ficha estadística: Miami Dolphins 1968

  • Récord: 5-8-1 (3º en la AFL Este)
  • Entrenador: George Wilson (5-8-1)
  • Estadio: Orange Bowl (asistencia media: 29,849)
  • MVP ofensivo: Bob Griese (2,473 yardas, 21 TD, 75.7 rating, Pro Bowl)
  • Líder terrestre: Jim Kiick (621 yardas, 4 TD, Pro Bowl)
  • Líder receptor: Karl Noonan (58 recepciones, 760 yardas, 11 TD, Pro Bowl, 2º equipo All-Pro)
  • Novato del año (oficioso): Larry Csonka (540 yardas, 6 TD) / Dick Anderson (8 intercepciones)
  • Pro Bowlers: Bob Griese, Jim Kiick, Karl Noonan
  • Hito histórico: Primer empate de la franquicia (14-14 vs Buffalo Bills, 12 de octubre)

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